A la prensa extranjera le cuesta decidir si quiere a Colombia en la sección de catástrofes o en la de diplomacia. Hoy ofrece ambas cosas, y la combinación deja un retrato extraño: un país que sufre un terremoto en el Chocó y que, casi al mismo tiempo, protagoniza una controversia internacional por su política exterior. France 24 mira los escombros; BBC Mundo mira los Altos del Golán. Ninguno parece ver las dos cosas juntas, acaso porque el vínculo entre ambas es incómodo para la mirada de afuera: la misma administración que hereda una emergencia humanitaria acaba de tomar una decisión de largo alcance geopolítico.
BBC Mundo, a diferencia de los despachos sobre el sismo, no describe un desastre sino una decisión. El medio sitúa la noticia con un titular que ya es toda una lectura: "Por qué la polémica por el reconocimiento colombiano de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán". No pregunta si Colombia debió hacerlo; pregunta por qué hay polémica, lo que delata cierta distancia analítica, una voluntad de no tomar partido que, sin embargo, subraya lo que el consenso internacional considera una transgresión. El texto hace bien su trabajo: recuerda que Israel ocupa la meseta desde 1967, que la anexión de 1981 fue declarada "nula e inválida" por la resolución 497 de la ONU, que solo Estados Unidos había reconocido esa soberanía y que Colombia se convierte en el segundo Estado miembro en hacerlo. Los datos están, la cronología está, las condenas están. Pero el detalle más revelador aparece casi de pasada: la decisión se tomó tres días después de la investidura del presidente Abelardo de la Espriella. La prensa internacional lo registra, pero no lo convierte en un eje; prefiere tratarlo como un dato administrativo antes que como una seña de carácter de un nuevo gobierno.
Eso es un alivio y una limitación. Un alivio, porque evita el cliché del líder mesiánico y la explicación psicológica de la política exterior colombiana. Una limitación, porque desaprovecha la pregunta más urgente: ¿qué significa que un gobierno recién instalado use sus primeros días para romper un consenso de cuatro décadas y no para atender el terremoto que todavía sacude el Chocó? La prensa internacional lo enmarca como un gesto de acercamiento a Israel, la reversión de la política de Gustavo Petro, un giro dentro de una alineación más amplia que incluye trasladar la embajada a Jerusalén, reanudar exportaciones de carbón y retirarse de la demanda sudafricana contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia. Todo eso está en el texto de BBC Mundo. Lo que no está es el otro lado del mapa, el país que los titulares de France 24 muestran, donde la urgencia se mide en viviendas destruidas y en la falta de un censo para atender la emergencia. No se puede decir que la prensa extranjera distorsione: cada medio documenta lo suyo, y los datos son verificables. Pero la fragmentación del encuadre produce una imagen extraña, como si Colombia fuese dos países distintos que no se comunican entre sí.
Es legítimo preguntarse si la cobertura del terremoto, con sus imágenes de damnificados y su insistencia en la precariedad de la respuesta, alimenta la vieja mirada paternalista hacia un país vulnerable que necesita ayuda externa, mientras la cobertura del Golán, con su destaque de la decisión soberana, construye una imagen de un país con agencia, capaz de irritar a Siria, a la Liga Árabe y a la