El titular de BBC Mundo que encabeza la sección de Venezuela plantea una pregunta técnica, casi de manual de emergencias: cuánto tiempo se puede sobrevivir bajo los escombros. La respuesta, documentada con expertos de Turquía, la OMS y la Universidad de Duke, es una lección útil para cualquier audiencia. Pero el subtítulo del artículo indica que esa lección se ofrece, en parte, para Venezuela. El país aparece así enmarcado no como un actor político o una sociedad con historia, sino como un escenario de catástrofe reciente donde la única pregunta pertinente es, al parecer, la de la resistencia fisiológica del cuerpo humano. La prensa internacional, que durante años ha tratado a Venezuela como un problema geopolítico, parece haber encontrado un nuevo encuadre: el del país como víctima pasiva de la naturaleza, un lugar donde se sobrevive, no donde se vive.
El artículo recuerda que dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 devastaron localidades del norte de Venezuela hace menos de dos meses y dejaron al menos 6.300 heridos. La cifra es escalofriante, y sin embargo el texto no se detiene en ella mucho más que para contextualizar la tragedia colombiana de magnitud 7,4. La cobertura de la BBC no pregunta por el estado de los edificios, por los códigos de construcción, por la capacidad de respuesta local ni por la reconstrucción. En lugar de eso, ofrece consejos genéricos sobre la postura de agacharse, cubrirse y sujetarse, y explica que la educación y la preparación antes del desastre son importantes y a menudo se ignoran, en palabras del coordinador de la asociación turca AKUT. Esa afirmación, dicha casi al pasar, es la única concesión a una realidad incómoda: que la supervivencia no depende solo de la suerte o del azar geológico, sino de decisiones políticas y de inversión pública que, en el caso venezolano, brillan por su ausencia en el registro del medio.
Hay una ironía de fondo en que un medio internacional publique una guía de supervivencia para un país que ya sufrió el terremoto. Los consejos llegan tarde para quienes quedaron atrapados, y la utilidad práctica de saber que la falta de agua mata a los tres o siete días es relativa cuando no se tiene control sobre los escombros. La pregunta que la prensa extranjera no formula es la que importa: por qué un país entero puede verse reducido a la condición de espera bajo los escombros, sin que la conversación internacional se desvíe hacia las causas estructurales que hacen que un sismo se convierta en una catástrofe humana. El encuadre técnico despolitiza la tragedia. Habla de bolsas de aire, del síndrome de aplastamiento y de los plazos que