Las noticias que llegan hoy de Honduras a través de la prensa extranjera no proceden de la escena del crimen ni de la tribuna política, sino del sector eléctrico. Es un cambio de registro que vale la pena anotar: cuando Infobae América coloca como pieza central las advertencias de la presidenta del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, Anabel Gallardo, sobre las deficiencias del sistema energético, está trazando un encuadre menos espectacular que el de costumbre, pero quizá más inquietante. El país ya no aparece únicamente como un lugar donde se mata, se roba o se protesta, sino como un territorio donde los capitales, nacionales y extranjeros, dudan en instalarse porque no hay garantía de que se encienda la luz.
El matiz nuevo de la cobertura es que la voz autorizada ya no es la de un funcionario ni la de un organismo internacional, sino la del empresariado organizado. Gallardo pone cifras sobre la mesa: más de diez mil millones de lempiras que la estatal ENEE pierde cada año por robo de energía, fallas técnicas y deficiencias en la transmisión. Ese dato, dicho por la dirigente del Cohep y reproducido sin matices por Infobae, tiene la virtud de traducir un problema técnico en un problema de confianza. La energía deja de ser un asunto de ingenieros o de boletines de la empresa estatal para convertirse en un termómetro de la viabilidad del país como destino de inversión. La prensa extranjera, fiel a su instinto, encuentra aquí la historia que le interesa: la de un país que no puede garantizar los insumos básicos del capitalismo.
El hilo narrativo que el medio extranjero subraya es el de la responsabilidad compartida: por un lado, la ineficiencia estatal, personificada en las pérdidas de la ENEE; por otro, la incertidumbre jurídica y de seguridad que Gallardo menciona casi de pasada, con las invasiones de tierras y los problemas en la Costa Norte como telón de fondo. La mirada externa construye así un retrato coherente: Honduras es un lugar donde invertir resulta un acto de fe, porque ni la electricidad ni las reglas del juego están aseguradas. Es una lectura que omite, por ejemplo, la dimensión social del problema eléctrico, ese mismo sistema que Gallardo reconoce que también golpea a los hogares. Pero la prensa internacional no está aquí para hablar de la factura que paga el ciudadano común, sino de la que paga el inversor.
El cuadro se completa con los titulares vecinos: la posibilidad de una tarifa eléctrica más alta en el cuarto trimestre por la crisis en Medio Oriente y el rechazo de los liberales a la propuesta de Jorge Cálix para rescatar la ENEE, por temor a una privatización futura. Tomados en conjunto, esos titulares dibujan una estampa peculiar: Honduras discute reformas que no terminan de cuajar, mientras los costos externos se encarecen y los internos no se reducen. La ironía es que la propia