Hoy el extranjero mira a México a través de un solo titular, y ese titular es una pregunta. France 24 se pregunta si en México se está replicando el patrón de los tiroteos escolares estadounidenses. La cobertura es, por lo demás, silenciosa: ningún otro medio internacional parece haber puesto hoy el foco en el país. Cuando la única lente disponible es una interrogación comparativa, conviene leerla con cuidado, porque lo que revela no es tanto un hecho mexicano como una inquietud importada.
La pregunta, formulada así, hace dos cosas a la vez. La primera es reconocer que existe algo en las escuelas mexicanas que se parece —o podría parecerse— a la violencia que en Estados Unidos se manifiesta en balaceras. La segunda, más sutil, es trasladar a México una categoría que nació en otro contexto: el tiroteo escolar como género periodístico, con su gramática propia de alerta, duelo y debate sobre armas. France 24 no afirma que México tenga ese patrón; pregunta si lo está replicando. Esa cautela es honesta, pero también delata el marco desde el que se observa: la violencia escolar mexicana solo se vuelve noticia internacional cuando puede leerse como un eco de la estadounidense.
El problema de ese encuadre es lo que deja fuera. Si el interés es la réplica de un patrón ajeno, quedan en segundo plano las formas propias de la violencia en las escuelas mexicanas —las que no se parecen a un tiroteo, las que no caben en la comparación— y, sobre todo, queda sin nombrar el contexto que las produce. La pregunta por la réplica supone que el original está en otra parte, y que México es el lugar donde ese original se copia. Es una manera de mirar que convierte al país en provincia de un fenómeno ajeno.
No hay en los titulares de hoy elementos para saber si la pregunta de France 24 responde a un episodio concreto, a una serie de episodios o a una tendencia estadística. La ausencia de otros medios internacionales sobre el tema sugiere que, por ahora, se trata de una inquietud más que de una cobertura sostenida. Pero la inquietud misma es un dato: indica que, en el imaginario periodístico extranjero, la violencia escolar mexicana empieza a ser legible solo cuando adopta la forma de la violencia escolar estadounidense. Es una lente prestada, y como toda lente prestada, enfoca lo que se le parece y desenfoca lo que no.