Hay una escena que la fiscal de Flagrancia Mirna Busich describió en una audiencia judicial y que el diario El País recogió, y que Infobae América decide poner en primer plano: vecinos de Cerro Norte que temen salir a la calle, que han abandonado trabajos, que ven caer el valor de sus viviendas, en un barrio al que las ambulancias no entran. La fiscal lo llamó “guerrilla civil”. Es una expresión fuerte, y el medio la adopta sin comillas de distancia, como si el diagnóstico del Ministerio Público fuera el marco natural de la noticia. Vale la pena detenerse en esa elección, porque define cómo se está contando Uruguay hacia afuera esta semana.
El artículo construye su relato con material sólido: más de la mitad de los asesinatos del país ocurren por disputas y venganzas entre grupos criminales, según se informa; dos bandas, Los Colorados y Los Suárez, se disputan el control de la venta de drogas en el acceso oeste de Montevideo; sus líderes operan desde la cárcel; el flujo de armas crece, con veinte viviendas identificadas como espacios de acopio y distribución. El detalle más estremecedor no es estadístico: en octubre de 2024 murió un bebé de un año alcanzado por un ataque dirigido a uno de los jefes. La crónica no lo subraya con morbo, pero lo deja ahí, y con razón: es el dato que mide la distancia entre una disputa entre delincuentes y una comunidad tomada como rehén.
Lo genuinamente nuevo del encuadre no es el narcotráfico en Uruguay, tema que la prensa regional sigue desde hace años. Es el vocabulario. “Guerrilla civil” es una categoría que la fiscalía usa en sede judicial y que el medio eleva a título. Con esa fórmula, Uruguay deja de aparecer en la prensa extranjera como la excepción estable de América Latina y empieza a ser leído con las categorías que suelen reservarse para otros países de la región: territorios disputados, soberanía fragmentada, poblaciones atrapadas entre dos fuegos. No es una distorsión: es un desplazamiento de énfasis, y conviene registrar que lo hace a partir de fuentes oficiales uruguayas, no de una construcción externa.
Lo que el texto omite también importa. No hay contexto sobre la evolución de la política de drogas, ni sobre las condiciones carcelarias que permiten que dos líderes presos sigan dirigiendo operaciones, ni sobre la respuesta del gobierno de Yamandú Orsi. La pieza se detiene en el fenómeno y no en la gestión, lo cual es legítimo para una crónica policial pero deja al lector extranjero con una imagen sin contrapeso institucional. El segundo titular del día, en cambio, muestra otro Uruguay: el Papa León XIV impactado por los suicidios juveniles, con un mensaje esperado de “esperanza y vida”. Dos países en la misma jornada, uno retratado por sus violencias y otro por sus heridas íntimas. Ninguno de los dos es falso. Juntos, sin embargo, componen un retrato más sombrío que el que Uruguay suele proyectar, y esa composición es, ella misma, un hecho editorial.
La prensa extranjera no inventa la “guerrilla civil”: la cita. Pero al citarla como titular, la convierte en la manera en que el mundo nombrará, por un tiempo, lo que pasa en Cerro Norte. Es un recordatorio incómodo de que los países no eligen cómo son vistos, sino, con suerte, cómo son leídos.