Hay días en que la prensa extranjera habla de México sin hablar de México, y el de hoy es uno de ellos. El artículo principal que BBC Mundo dedica al país lleva por título el nombre de un huracán, Isaías, y en el cuerpo del texto México aparece dos veces: una para decir que algunas zonas sentirán los primeros impactos, con hasta cien milímetros de lluvia en la Bahía de Campeche y la Península de Yucatán, y otra, implícita, en la propia geografía del titular, que convierte al golfo de México en el escenario de una historia cuyo desenlace ocurre en Florida, Misisipi y Alabama. El resto de la pieza —alertas del Centro Nacional de Huracanes, declaratoria de emergencia de Ron DeSantis en veinticinco condados, cancelación de eventos deportivos, el partido entre Georgia y Alabama al que asistirá Donald Trump— pertenece íntegramente a los Estados Unidos. México figura como el nombre de un mar por el que pasa la tormenta antes de llegar a su verdadero destino.
No es un error de la BBC ni una omisión deliberada. Es la lógica natural de una noticia meteorológica: los huracanes se cubren donde tocan tierra y donde hay autoridades que declaran emergencias y gobernadores que firman decretos. Pero el efecto acumulado de esa lógica, leída junto al otro titular del día, compone un retrato involuntario. El País América informa de al menos diez muertos en una riña en un centro penitenciario de Mazatlán. Entre los dos encabezados, México queda dibujado como un territorio atravesado por fuerzas que no controla —un ciclón que pasa de largo hacia el norte, una cárcel donde la violencia se cobra diez vidas— y del que la prensa internacional solo registra el paso del daño, no su gestión.
Hay un detalle en el texto de BBC que merece atención porque es el único lugar donde México aparece con algo parecido a una especificidad propia. La nota explica que los meteorólogos habían pronosticado una temporada más tranquila de lo habitual debido al fuerte fenómeno de El Niño, y que Isaías se formó, contra ese pronóstico, en una zona de cizalladura limitada y aguas de treinta o treinta y un grados. Es decir: el huracán existe porque el mar estaba más caliente de lo previsto. La información es técnica y no menciona a México, pero el dato —un Atlántico que se comporta fuera de guion— es, para un país con once mil kilómetros de costa, más relevante que la cancelación de un partido de fútbol americano en Tuscaloosa. La prensa extranjera no lo dice porque su audiencia no lo necesita; el lector mexicano, en cambio, queda enterado de la trayectoria de Isaías hacia Florida y no de lo que ese mismo calentamiento anómalo significa para sus propias costas.
El segundo titular, el de El País, pertenece a una serie que la prensa internacional viene escribiendo desde hace años sobre las cárceles mexicanas, y que tiene su propio repertorio: motines, autogobierno de reclusos, cifras de muertos que se corrigen al alza con las horas. La novedad, si la hay, es la ciudad: Mazatlán, puerto turístico de Sinaloa, no es el escenario habitual de estas matanzas, que suelen ocurrir en penales del centro o del norte del país. Pero el medio no ofrece más contexto en el titular, y sin el texto completo no es posible saber si la cobertura desarrolla esa anomalía geográfica o se limita a consignar el hecho. Lo que queda, a nivel de encuadre, es la continuidad: México vuelve a aparecer en la sección de sucesos, con un número de muertos y un lugar, sin que la prensa extranjera encuentre —o busque— un hilo que conecte esa violencia con algo más que ella misma.
El resultado del día es, entonces, un México periférico. En la cobertura del huracán, el país es una coordenada geográfica y una probabilidad de lluvia; en la del motín, un escenario de violencia sin explicación. Ninguno de los dos titulares concede a México el papel de sujeto: ni el de una nación que se prepara para un fenómeno climático, ni el de un Estado que responde a una crisis penitenciaria. La prensa extranjera no ha dicho nada falso. Simplemente ha mirado hacia otro lado, y lo que queda en el marco es la silueta de un país al que las cosas le pasan.