Inicio/Opiniones · Cuba
En vivo
🇨🇺 Cubadomingo, 11 de octubre de 2026

La noticia es breve y el encuadre, previsible: un apagón parcial en el oriente, tres millones de personas sin luz durante unas cuatro horas, restablecimiento del servicio y la consabida retahíla de cifras que la prensa extranjera acumula para dimensionar la crisis energética cubana. Infobae América, citando a EFE, informa del disparo en la línea de 220 kilovoltios que conecta Nuevitas con Las Tunas, ocurrido a las 12:46 hora local, y reproduce el parte de la Unión Eléctrica sin mayor cuestionamiento. Hasta ahí, el guion habitual: la infraestructura falla, el régimen reconoce el deterioro, los apagones de más de veinte horas se han vuelto paisaje, y ocho apagones generales en lo que va de 2026 confirman que el sistema opera al borde del colapso permanente.

Lo genuinamente nuevo no está en el hecho —un corte más entre tantos— sino en la economía narrativa del texto. El medio elige contar el apagón como un incidente resuelto, con la misma plantilla que usaría para informar de una avería en cualquier red eléctrica del mundo. Hay una avería, hay una reparación, hay un restablecimiento. La estructura sugiere normalidad operativa, y esa sugerencia es la noticia. Porque lo que el texto describe, en realidad, es un sistema que ya no falla por excepción sino por diseño: de las dieciséis unidades termoeléctricas, más de la mitad permanece fuera de servicio cada día, según los datos que el propio medio cita. Un parque generador construido en los años sesenta y setenta, que aporta cerca del cuarenta por ciento de la electricidad, no puede sostener un funcionamiento estable. La falla de una línea de transmisión no es la causa del apagón; es el desencadenante de una fragilidad que ya estaba ahí, documentada y reconocida.

El encuadre extranjero, sin embargo, insiste en el marco del incidente. El titular dice "restableció", no "sigue sin resolver". La noticia es que el servicio volvió, no que tres millones de personas hayan pasado cuatro horas sin electricidad en un país donde eso ya no sorprende a nadie. Esa elección —privilegiar la resolución sobre la recurrencia— tiene un efecto paradójico: al tratar cada apagón como un episodio cerrado, la prensa extranjera contribuye a normalizar lo que en rigor es una emergencia humanitaria sostenida. El lector se queda con la sensación de que el sistema, pese a todo, funciona. Y no es así.

Hay un matiz que el texto roza sin detenerse: la fuente principal es la Unión Eléctrica, y el medio lo admite al señalar que la información fue difundida por medios oficialistas. El director de la termoeléctrica 10 de Octubre, Jorge Luis Maceira, declara ante la prensa estatal que la unidad seis continuó operativa tras la falla. Es un dato de gestión, no de impacto. La pregunta que no se hace —cuántas de las dieciséis unidades estaban fuera de servicio ese sábado, cuántas horas llevaban sin luz los afectados antes del corte, cuántas después— queda fuera del relato. La prensa extranjera, cuando depende del parte oficial para reconstruir lo que ocurre dentro de la isla, termina reproduciendo la lógica del comunicado: hechos puntuales, causas técnicas, soluciones en marcha. La dimensión cotidiana del apagón —la comida que se pierde, el agua que no llega, la noche que se alarga— no aparece porque no está en el parte.

No es un defecto de este medio en particular. Es la condición de casi toda la cobertura sobre Cuba: se informa desde afuera con lo que se puede obtener desde adentro, y lo que se obtiene suele ser la versión que el Estado está dispuesto a dar. El resultado es un periodismo que acierta en los datos duros —la cifra de afectados, la hora del corte, la línea averiada— y falla en la textura. El apagón de este sábado no es noticia porque haya durado cuatro horas, sino porque cuatro horas de corte, en el contexto cubano, ya no significan lo mismo que en cualquier otro lugar. Significan la enésima confirmación de que el sistema eléctrico no se recupera, sino que se sostiene a parches. Y eso, el titular no lo dice.

Compartir