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🇨🇷 Costa Ricalunes, 12 de octubre de 2026

La noticia que la prensa extranjera publica hoy sobre Costa Rica es, otra vez, un decomiso. Infobae América informa que las autoridades encontraron 52 kilos y 735 gramos de cocaína escondidos en las tarimas de madera de un contenedor de fruta con destino al puerto de Amberes, en Bélgica. El hallazgo ocurrió en la Terminal de Contenedores de Moín, en Limón, durante los controles con escáneres y el perfilamiento de carga que el gobierno puso en marcha con la Operación Soberanía en julio de 2023. La droga venía repartida en 199 envoltorios dentro de los soportes que sostienen la mercancía legal. El reporte oficial, citado por EFE, añade que los operativos portuarios acumulan más de 23 toneladas de cocaína decomisadas hasta la fecha. El texto recuerda además el caso de finales de septiembre en Peñas Blancas, donde la Policía encontró 550 kilos dentro de un cilindro de hierro en un contenedor que decía ir a Guatemala, en el marco de la Operación Fuerza Élite.

Hay que decirlo con franqueza: el panorama informativo no se ha movido. Es el mismo género que ya hemos comentado aquí, el operativo espectacular, la cifra que impresiona, la ruta internacional del narcotráfico. La novedad, si se puede llamar así, es el matiz: esta vez el destino es Europa, el contenedor llevaba fruta, y el escondite eran las tarimas. El encuadre de afuera insiste en una sola historia sobre Costa Rica, y esa historia es la del país como plataforma logística del narcotráfico. El propio gobierno lo admite en el material: las autoridades reconocen que Costa Rica se convirtió en los últimos años en punto de almacenamiento y exportación de cocaína hacia Europa y Norteamérica. La prensa extranjera no inventa nada. Repite lo que el Ministerio de Seguridad Pública dice de sí mismo.

Lo que ese encuadre omite es lo que siempre omite. No hay una sola línea sobre quién produce la cocaína que atraviesa el país, ni sobre quién la consume en Amberes, ni sobre el negocio que se alimenta de esa ruta. Tampoco hay contexto sobre lo que significan 23 toneladas decomisadas en términos de lo que no se decomisó, ni sobre el costo institucional de sostener esa vigilancia, ni sobre la economía legal que convive con la ilegal en una provincia como Limón, donde el puerto es a la vez orgullo y vulnerabilidad. El lector de afuera recibe la imagen de un país que decomisa bien, que tiene escáneres, que activa operaciones con nombres rotundos. Es una imagen tranquilizadora, casi heroica, y por eso mismo incompleta.

La ironía es que Costa Rica aparece en la prensa internacional no por lo que exporta, que es fruta, sino por lo que le esconden dentro de lo que exporta. El país es noticia por su función logística, no por su vida política ni por sus problemas sociales ni por sus debates constitucionales. Ayer fue la jornada laboral, antes los allanamientos, hoy la cocaína en las tarimas. El hilo narrativo que la prensa extranjera traza sobre Costa Rica es el de un territorio de tránsito que hace lo posible por no serlo. Y mientras ese sea el hilo, lo demás —lo que el país discute, lo que el país construye, lo que el país teme— seguirá esperando su turno en la página.

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