La prensa extranjera vuelve hoy sobre el mismo texto que ya ocupó esta columna: el análisis de BBC Mundo sobre la deuda pública colombiana. No hay giro en el panorama, y conviene decirlo sin aspavientos. El material nuevo de la jornada es, en realidad, viejo conocido: el mismo artículo, las mismas cifras, el mismo presidente Abelardo de la Espriella atribuyendo la crisis a su antecesor. Lo genuinamente distinto no está en lo que el artículo dice, sino en lo que el resto de los titulares revela por contraste: una turbulencia aérea que obliga a un aterrizaje de emergencia en Miami, una selfie en la selva que conduce al hallazgo de un nenúfar gigante, el reverdecimiento de Medellín como respuesta al calor, y una madre que pronuncia sus últimas palabras a un hijo que desaparece en Colombia. Cuatro miradas sobre el país, ninguna de ellas fiscal.
El contraste es elocuente. Mientras BBC Mundo somete a verificación la narrativa presidencial —y encuentra, como ya se dijo aquí, que la responsabilidad no es tan unívoca como De la Espriella pretende—, el resto de la prensa internacional mira a Colombia desde el asombro botánico, la tragedia íntima o la adaptación climática. Es la vieja tensión entre el país que se piensa desde las cuentas y el país que se vive desde el territorio. El artículo de BBC Mundo cita a Mauricio Salazar, del Observatorio Fiscal de la Javeriana, para señalar que los beneficios tributarios vigentes le cuestan al Estado un 9% del PIB anual, y a Paola Jaimes, del CEPR, para recordar que la deuda creció más con Santos y Duque que con Petro. Son matices que desmienten la simplificación presidencial, pero que también revelan algo más incómodo: la discusión sobre Colombia, cuando es seria, se libra en inglés y en cifras, mientras el país real —el del nenúfar, el del calor en Medellín, el de la madre que pierde a su hijo— aparece en los márgenes del feed, como nota de color o de tragedia.
No hay novedad sustantiva en el frente fiscal. El artículo de BBC Mundo sigue siendo el más ambicioso, pero ya fue diseccionado en esta columna. Lo que hoy merece atención es la persistencia de un patrón: la prensa extranjera dedica a Colombia una pieza económica rigurosa y, alrededor, un racimo de noticias que la reducen a exotismo, catástrofe natural o drama humano. El nenúfar gigante y la turbulencia en Miami no son, por supuesto, menores. Pero juntos componen un retrato involuntario: Colombia es, para la mirada de afuera, un país que se debate entre la insolvencia y el asombro, entre el FMI y la selva. La deuda es el tema serio. Lo demás es el paisaje. Y el paisaje, como se sabe, nunca ha pagado una factura.