La prensa extranjera no tiene hoy a Colombia en su radar, y decirlo con franqueza es el único punto de partida honesto. El único titular de la jornada que roza al país llega por la vía de una coincidencia lateral: BBC Mundo publica un perfil de Hiroo Kanamori, el sismólogo japonés de noventa años que diseñó en 1977 la escala de magnitud de momento, la que hoy se usa para medir terremotos grandes, y entre los interlocutores del artículo aparece un científico colombiano, Luis Rivera, profesor de sismología en la Universidad de Estrasburgo, descrito como uno de los colaboradores más cercanos de Kanamori. Eso es todo. Colombia entra en la conversación global de hoy por la puerta de servicio de una nota científica cuyo tema es la física de las ondas sísmicas, no el país.
Vale la pena detenerse en lo que el texto de la BBC efectivamente dice, porque el encuadre es revelador. El artículo explica por qué la escala de Richter, creada en 1935 por Charles Richter y Beno Gutenberg en Caltech, dejó de servir para los terremotos mayores: el sismógrafo Wood Anderson con que trabajaba Richter era sensible solo a frecuencias altas, y en los sismos grandes esas frecuencias pierden importancia frente a las de período largo, que el aparato no veía. De ahí que el terremoto de Valdivia, en Chile, en 1960, solo pudiera medirse correctamente con la escala de Kanamori, que le asignó 9,5, la mayor magnitud jamás registrada. El propio Kanamori subraya en el texto dos virtudes de su escala: que puede determinarse de manera rápida y precisa, generalmente menos de una hora después del evento, y que es útil para comprender la actividad sísmica global.
El detalle importa más de lo que parece. La prensa extranjera habla hoy de sismología de vanguardia y, en el margen, de un científico colombiano que trabaja en el corazón de esa disciplina. No habla de Colombia. No hay en los titulares de la jornada ningún ángulo sobre el país: ni política, ni economía, ni seguridad, ni catástrofe. La ausencia es el dato. Cuando un país solo comparece en la conversación internacional como referencia secundaria —el origen de un investigador, la nacionalidad de un colaborador—, lo que esa mirada revela no es hostilidad ni distorsión, sino algo más difícil de procesar: indiferencia. Colombia no está en el mapa de las prioridades informativas de hoy, y ningún encuadre sesgado explica eso mejor que el simple hecho de que no hay encuadre alguno.
Hay, sin embargo, un matiz que merece registrarse. El perfil de Kanamori construye un relato sobre cómo se piensa la catástrofe desde la ciencia: la curiosidad infantil del sismólogo en el Japón de la Segunda Guerra Mundial, su hábito de pensar por sí mismo antes de consultar libros, su obsesión por reducir el impacto de los terremotos en las personas. Es un marco que, aplicado a Colombia, resultaría pertinente: un país atravesado por la amenaza sísmica y por la memoria de tragedias recientes. Pero la BBC no establece esa conexión, y no tiene por qué hacerlo. El artículo es sobre Kanamori, no sobre los países que su escala ayuda a medir. Que el único hilo que hoy ata a Colombia con la prensa global sea la presencia de un investigador colombiano en un equipo científico de primer nivel dice algo, y no es necesariamente malo: sugiere que el país exporta talento que participa en las conversaciones que definen cómo el mundo entiende los fenómenos naturales. Pero también confirma que, en la agenda informativa de esta jornada, Colombia no es noticia.
El editorial de hoy, entonces, no puede fingir un análisis que el material no sostiene. La prensa extranjera no está mirando a Colombia, y la única mención del día llega de rebote, en una nota sobre la escala que reemplazó a la de Richter. Si algo cabe extraer de esta jornada magra es una observación sobre cómo funciona la visibilidad internacional: un país aparece en los medios de afuera cuando ocurre algo que se ajusta a las categorías que esos medios ya tienen instaladas —crisis, catástrofe, conflicto, exotismo—, y desaparece cuando no encaja en ninguna. Hoy Colombia no encaja. Mañana, probablemente, volverá a encajar por alguna razón que no habremos elegido. Mientras tanto, el único rastro colombiano en la prensa global es el nombre de un sismólogo en Estrasburgo que ayudó a medir los terremotos que otros países sufren. Es poco, pero es lo que hay, y conviene decirlo sin dramatismo y sin adornos.